En unos días, aquellos que somos mayores de dieciocho años tendremos la ocasión de votar para la elección de Diputados y Senadores de las Cortes Generales. Todos conocemos el derecho a sufragio, pero ¿conocemos también los entresijos de nuestro sistema electoral?, ¿es un sistema electoral justo?
Este post es el primero de un total de tres en el que trataré de demostrar que nuestro sistema electoral no es bueno, ya que cuenta con tres defectos graves que lo hacen tremendamente injusto:
1. No existe proporcionalidad entre los votos emitidos y los candidatos que resultan electos.
2. El Sistema D´hondt.
3. Las votaciones se realizan con listas cerradas y bloqueadas de candidatos, excepto para el caso del senado, una cámara, por otra parte, de dudosa utilidad.
Hoy veremos el primero de estos defectos:
1. No existe proporcionalidad entre los votos emitidos y los candidatos que resultan electos
Antes de comenzar el análisis, es necesario explicar el concepto de circunscripción electoral, que podría definirse como un subconjunto del cuerpo electoral; es decir, en cada circunscripción se lleva a cabo una elección independiente de las demás circunscripciones, y la suma de todas ellas conforman el mapa electoral definitivo. En España, la circunscripción electoral es la provincia, además de Ceuta y Melilla; es decir, un total de 52. Para el congreso, el número total de Diputados es de 350, y a cada circunscripción le corresponde un mínimo de dos diputados (uno en el caso de Ceuta y Melilla). Por lo tanto, existen 248 escaños a repartir entre 50 circunscripciones; este reparto se distribuye por provincias en proporción con el número de habitantes que tienen. Pero hay un problema: al ser dos el número mínimo de diputados por circunscripción, resulta imposible que se cumpla la proporcionalidad. Esto se debe a que las provincias son circunscripciones demasiado pequeñas. Las provincias con más habitantes, como Madrid y Barcelona, serán siempre las más perjudicadas, mientras que en las que hay menos habitantes el valor del voto será mayor. Por ejemplo, la provincia de Madrid tiene aproximadamente diez veces más habitantes con derecho a voto que las provincias de León y Burgos, pero el número de escaños es solamente siete veces mayor.
¿Es esto justo? Obviamente no. Todo sería perfectamente ecuánime y más sencillo si existiera una única circunscripción que fuera España, y así un voto de Canarias o de Cuenca valdría igual que uno de Madrid. O en todo caso, cambiando el número de escaños totales (la constitución permite que el número esté entre 300 y 400) y/o el número mínimo de escaños por provincia.










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