Cada vez que se destapa el tema, enseguida sale a relucir Cuba como el sitio «endemoniado» donde reina la censura de prensa. Tales criterios pululan entre quienes desconocen a fondo cómo funciona el sistema de medios de comunicación masiva en la Isla.
Quisiera que los lectores de Ciberprensa comprendan por qué en estos asuntos la mirilla telescópica de la crítica internacional siempre apunta hacia este lado del Caribe insular. Dedicándonos, quizás, el tiempo que merecen para análisis semejantes las grandes agencias de noticias.
No pretendo mirar la paja en el ojo ajeno. Menos cuando para algunos en el mío puedo tener una astilla. Evadiré criterios de ese tipo argumentando la realidad cubana.
Aquí, ya lo decía en el artículo anterior, poseemos un amplio sistema de prensa. De igual modo expliqué cómo los periódicos provinciales tuvieron que variar sus ediciones diarias, a semanarios. Situación que no posee el dramatismo que algunos pretenden conferirle con el único intento de ofrecer una imagen de escasa información entre los cubanos.
De igual modo contamos con emisoras radiales en todas las provincias, cada una con páginas digitales en Internet, y de manera gradual llegan hasta los municipios. Igual ocurre con los canales de televisión. Y contrario a lo que muchos afirman, no existen restricciones para que los ciudadanos accedan a las noticias, o las ofrezcan a los periodistas.
Varios programas radiales y televisivos implementan el sistemas de llamadas en vivo para que el pueblo emita sus criterios. Uno de los más aceptados por su rigor prefesional y credibilidad es Alta Tensión, un programa que contra viento y marea se realiza cada sábado en la emisora CMHW de Villa Clara.
«Quienes hemos pasado por Cuba, sabemos que si algo caracteriza a este pueblo es su pasión por hablar: todo se cuenta. Todo se critica. Todo se discute. Y a viva voz.», comentan Hernando Calvo Ospina y Katlijin Declerq en su libro ¿Disidentes o Mercenarios? Objetivo: liquidar la Revolución cubana.
No obstante, desde la aparición de Internet trajo consigo el aumento de cuestionamientos al sistema de comunicación en La Mayor de las Antillas. «El régimen cubano intenta mantener a sus ciudadanos al margen de la Red», sentencia un acusatorio artículo que leí recientemente. Prueba del desconocimiento sobre el uso que aquí queremos darle a los servicios de Internet.
Vale advertir que como política, lo que se propone el gobierno de la isla es colectivizar, de forma gratuita, un servicio que en otros países —cuyo sistema es capitalista— se convierte en privilegio exclusivo de quienes pueden pagarlo.
Términos como estrictamente regulada, acceso a Internet controlado o comunicaciones electrónicas estrechamente vigiladas aparecen por doquier con la única intención de desacreditar el principio democrático del sistema social cubano. Quienes las emiten, solo se apoyan en el débil argumento de que en Cuba no se tolera ninguna prensa independiente.
¿Independiente de qué? Al respecto expresé mis valoraciones en la encuesta que se realiza en Ciberprensa. A propósito, merece recordar cómo las diferentes administraciones estadounidenses, en especial la de Ronald Reagan en adelante, han utilizado los medios masivos de comunicación para lacerar social, ideológica y políticamente el proceso revolucionario cubano.
Radio Martí, La Voz del CID, La Voz de la Fundación, entre otros, solo buscan dividir la sociedad cubana, procrear y alimentar grupúsculos contrarrevolucionarios.
Como muestra basta un botón: Néstor Baguer Sánchez Galarraga. El experimentado periodista fundó la Agencia de «Periodistas Independientes» de Cuba (APIC). En la entrevista que concedió para el libro Los Disidentes, de Rosa Miriam Elizalde y Luis Baez, el agente Octavio, de la Seguridad del Estado Cubano reveló:
«Me consideraban el mejor de los patriotas; Reporteros sin Fronteras me alababa por todas partes y me mandaba dinero. Aquello era tremendo. En cuanto se supo que yo estaba a cargo de la agencia y que daba dinero, empezaron lor «periodistas» a caerme en al casa como hormigas…Tenía un corresponsal que era trabajador de los ferrocarriles en Cienfuegos…»
El único interés de esos supuestos defensores de la libertad de expresión en Cuba radica en el financiamiento y otros beneficios que reciben desde los Estados Unidos. El propio Baguer lo explica al responder:
«¿Pero sabían redactar seguramente, porque no pocos periódicos y páginas en Internet publicaban sus notas?
Si hablando tenían faltas de «ortografía»; dime tú escribiendo. Para mí fue un sufrimiento terrible tenerque arreglar algunos de aquellos bodrios.
¿Por qué iban entonces a una agencia que supuestamente era de periodistas serios?
Había dos granddes dos grandes atarctivos.
Primero, la visa que les daban inmediatamente. Bastaba con un mes que estuviera la gente escribiendo ahí y se iba para Estados Unidos en el primer avión. Se ahorraban la cola, los disgustos y la humillación en la Sección de intereses.
Segundo, el pago. De 20 a 40 dólares al mes, solo por inflar globos. Llegó un momento en que pasaban tantos que no podía llevar aquello. En eso, Raúl Rivero decidió separarse de la APIC y fundar su propia Agencia.»













Viernes, 9 de noviembre de 2007 |
Opinión, Periodismo, Política