Corren tiempos en los que todo lo relacionado con el medio ambiente está de moda. Calentamiento global, efecto invernadero, biocombustible, reciclaje… son términos que conocemos y con los que comenzamos a familiarizarnos.
Pero existe uno muy poco conocido y que responde a una teoría bastante interesante, es el decrecimiento sostenible. Antes de pasar a comentarlo, es necesario esbozar brevemente qué es el desarrollo sostenible: es una concepción que nació a finales de la década de los 80 para dar respuesta al temor generalizado que se generó a raíz de comprobar el terrible daño que el hombre empezaba a hacer al medio ambiente. De manera general, es algo así como intentar hacer compatible el desarrollo económico y humano, con el respeto y preservación del medio ambiente.
Por otra parte, el decrecimiento sostenible nace en contraposición a este concepto, argumentando que el desarrollo sostenible es una falacia que sólo busca dejar contentos a todos y aplazar el verdadero problema al que se enfrenta el mundo: ¡nos lo estamos cargando!
La idea queda perfectamente explicada en el siguiente párrafo (Honorant, 2006):![]()
“Es un llamamiento a mantener lo que hemos conseguido de positivo (como el progreso en el discurso ético y en el conocimiento), prescindiendo de lo negativo (como la adicción consumista o la ignorancia). Es un llamamiento a vivir bien, a llevar una buena vida, lo que incluye no sólo a los individuos, sino también y especialmente, a los patrones de convivencia. El decrecimiento es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales gracias a una disminución de la avidez consumista, que nos hace querer comprar todo lo que vemos.”
Es una idea que cada vez empieza a ser más defendida y tenida en cuenta por unos; y por otra parte, es censurada y tachada de ingenua, utópica y de “vuelta a las cavernas” por otros. Como siempre, lo importante es que hay debate. ¿Y tú que opinas?











Lunes, 24 de septiembre de 2007 |
Opinión