
El debate sobre el uso o no de la energía nuclear se ha reabierto gracias al anunció del Reino Unido de que impulsará la construcción de nuevas centrales nucleares. Parece que el único modo de hacer compatible la creciente demanda de electricidad y el compromiso de kioto pasa por el uso de esta energía que no emite gases de efecto invernadero, pero que sí genera residuos altamente radioactivos. De este modo, el debate entre defensores y detractores de la energía nuclear está servido.
Por un lado, los defensores de la energía nuclear argumentan que se trata de la energía con la mayor eficacia productiva y operativa. Además, es una energía que no emite dióxido de carbono, y cuya materia prima –el uranio- no presenta un problema de escasez, con lo cual, se evitarían muchas batallas de intereses a nivel mundial. Según ellos, el problema de los residuos se solucionaría con tecnología llamada: “tecnología de transmutación” que está en desarrollo y que permitiría eliminar la radioactividad de los residuos. Según ellos, si esto se consiguiera estaríamos hablando de una energía barata, accesible y no contaminante.
Por otro lado están los detractores, que argumentan que los residuos generados son de una enorme peligrosidad; amén de los accidentes que en las centrales nucleares se pueden producir, como el ocurrido en Chernóbil. Añaden además que la sola presencia de un reactor nuclear hace que ya exista riesgo para las personas que viven dentro de un radio determinado. ¿Dónde se construirían entonces las centrales nucleares?
Desde el punto de vista de un devoto escéptico como yo, considero que lo oportuno sería plantear soluciones serias que fueran más allá. Sería necesario que un gran grupo de científicos, ingenieros… estudiaran a fondo los verdaderos riesgos de la energía nuclear –y si estos se pueden subsanar-, para dar un veredicto claro sobre la viabilidad de dicha energía. Es obvio que esta especie de “comité mundial de científicos” debería realizar su labor de espaldas a las grandes multinacionales eléctricas, ya que éstas intoxicarían la veracidad de los resultados con sus intereses económicos. Lo que planteo, en definitiva, es que por encima del dinero, del poder y de la política, se haga honor a la verdad
Fuente: público












Lunes, 14 de enero de 2008 |
Actualidad, Sociedad