Es rabiosa actualidad: la vuelta a los escenarios del mejor grupo de rock español; por su personalidad, por sus canciones, por sus ventas, por su éxito internacional… hablo, como no, de héroes del silencio. 11 años después de su separación, han vuelto a juntarse para hacer una gira mundial de 10 únicos conciertos. Este fin de semana estuvieron en su ciudad natal, Zaragoza, llenando el estadio de la Romareda por dos ocasiones y complaciendo a sus fans. En el concierto del viernes 12 ¡yo estuve allí!
Desde que comprara las entradas allá por marzo –si mal no recuerdo- ansiaba el día, y por fin llegó. El concierto empezaba a las 21:00, pero tal era la expectación, que abrieron las puertas a las 17:00. A las 20:00 el estadio ya estaba prácticamente lleno, más de 40.000 personas empezaban a corear el grito de guerra: “héroes, héroes, héroes…”
Y a las nueve en punto se apagan las luces y suena la intro “song to the siren”, el estadio empieza a rugir. Comienzan a sonar los acordes de “el estanque” y el publicó estalla de júbilo, apenas se puede oír a Enrique cantar porque todo el mundo corea las letras. Después vienen casi de seguidas “deshacer el mundo”, “mar adentro”, “la carta”, “la sirena varada” y “opio”, donde un Bunbury en estado puro dice: “¿qué le pediríais a la Virgen del Pilar?… un porrito ¿no?”. Sin darme cuenta se ha esfumado una primera media hora de concierto muy frenética, no soy capaz de asimilar nada. Después viene la parte del show con las canciones lentas y melancólicas: “la herida”, “héroe de leyenda”, “fuente esperanza”, “con nombre de guerra”… en “no más lágrimas” todo el estadio se emociona, es una canción que cala profundamente y rompe con un final estremecedor: "no puedo dormir con esas lágrimas goteando encima de mí."
Cuando se llevaba una hora y cuarto de concierto aproximadamente, Bunbury pide cinco minutos de descanso porque ha pillado una gripe y apenas puede seguir cantando. A la vuelta, lleva un inhalador que usa entre canción y canción. Aún así, sigue moviéndose, corriendo y cantando como si nada le pasara. Acaba la parte lenta del concierto, y vienen los clásicos. Suenan “entre dos tierras”, donde Juan Valdivia demuestra que sigue siendo el maestro -vean el video de youtube-, “maldito duende”, “iberia Sumergida” y “avalancha”; el estadio se viene abajo con las dos últimas, en las que el grupo saca toda la rabia.
Se despiden… momentáneamente, porque todos sabemos que volverán para los bis; suenan entonces temas más bien lentos como “oración”, “tesoro”, y “la chispa adecuada” en la cual el estadio está completamente oscuro e iluminado simplemente por las luces de los mecheros y móviles; a mi derecha, una chica llora con esta canción tan profunda. Finalmente, se cierra el espectáculo con “en brazos de la fiebre”, canción algo inusual para acabar; sin duda alguna, la gente ansiaba “la decadencia”.
Quizás se echaron en falta canciones algo más enérgicas, quizás el grupo no parezca muy unido, quizás no sean los de la gira "avalancha"… pero todo el mundo está contento: dos horas y media de concierto, 24 canciones, y la sensación de haber disfrutado con un grupo mítico que cuando termine la gira, es probable que nunca más toque. Como bien dice Pedro Andreu: “hay que acabar con un par de huevos.”












Miércoles, 17 de octubre de 2007 |
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