Hoy, sin duda alguna, se podría hablar de muchos titulares: de la sentencia del 11-M, de la ley de memoria histórica, de la futura visita de los Reyes a Ceuta y Melilla… Pero en realidad, me apetecía ser un poco más trascendental y publicar algo referente a lo que yo llamo la otra actualidad; es decir, me gustaría reflexionar acerca de la realidad pura y dura de nuestros días, de la situación que atravesamos los habitantes de este planeta. Podríamos preguntarnos a día de hoy: ¿cómo está el mundo?, ¿cómo se vive en él?, y en España ¿nos podemos quejar? Habrá opiniones dispares, pero yo quiero resaltar la de un genio; escrita ya hace años, su vigencia es indudable:
“Hace escasos años, dos potencias se disputaban el mundo. Fracasado el comunismo, se difundió la falacia de que la única alternativa es el neoliberalismo. En realidad, es una afirmación criminal, porque es como si en un mundo en que sólo hubiese lobos y corderos nos dijeran: “Libertad para todos, y que los lobos se coman a los corderos.”
Se habla de los logros de este sistema cuyo único milagro ha sido el de concentrar en una quinta parte de la población mundial más del ochenta por ciento de la riqueza, mientras el resto, la mayor parte del planeta, muere de hambre en la más sórdida de las miserias. Habría que plantearse qué se entiende por neoliberalismo, porque en rigor, nada tiene que ver con la libertad. Al contrario, gracias al inmenso poder financiero, con los recursos de la propaganda y las tenazas económicas, los Estados poderosos se disputan el dominio del planeta. [...]
Hoy en el mundo ya no hay respeto por las horas de trabajo, por la jubilación, por los derechos a la educación y a la salud. [...] Para conseguir cualquier trabajo, por mal pago que sea, los hombres ofrecen la totalidad de sus vidas. Trabajan en lugares insalubres, en sótanos, en barcos factoría, hacinados y siempre bajo la amenaza de perder el empleo, de quedar excluidos. Al parecer, la dignidad de la vida humana no estaba prevista en el plan de globalización. La angustia es lo único que ha alcanzado niveles nunca vistos. Es un mundo que vive de la perversidad, donde unos pocos contabilizan sus logros sobre la amputación de la vida de la inmensa mayoría. Se ha hecho creer a algún pobre diablo que pertenece al Primer Mundo por acceder a los innumerables productos de un supermercado. Y mientras aquel pobre infeliz duerme tranquilo, encerrado en su fortaleza de aparatos y cachivaches, miles de familias deben sobrevivir con un dólar diario.”
Antes del fin. Ernesto Sabato.
Creo que la concienciación acerca de la situación en el mundo siempre debería ser actualidad.











Viernes, 2 de noviembre de 2007 |
Opinión