La historia resulta sorprendente: uno de los vuelos de la compañía “Air Canada” que partía de Toronto con destino a Londres, tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia, y no por razones meteorológicas o por falta de combustible; sino por algo mucho menos cotidiano: uno de los pilotos quería hablar con Dios.
Al parecer, el piloto sufrió un desequilibrio y abandonó la cabina de mando con una visible perturbación y pidiendo a gritos línea directa con el cielo. Ante esta situación, el avión no tuvo más remedio que realizar un aterrizaje de emergencia. Finalmente, ya con un nuevo piloto, el avión pudo llegar sin ningún problema a su destino. Después en declaraciones públicas, un portavoz de la compañía hizo hincapié en que en ningún momento se puso en riesgo la “seguridad de los pasajeros o de la tripulación”.
La seguridad no sé, pero el susto…
Fuente: abastodenoticias.com














Sábado, 2 de febrero de 2008 |
Actualidad