Ya lo advierte el famoso dicho popular: "no es oro todo lo que reluce"; y bien se podría aplicar al tema de los biocombustibles y su “esperanzadora función” como sustitutivos de los combustibles fósiles. Es “vox Pópuli” que dichos biocombustibles son la solución perfecta para los problemas derivados del fin del petróleo, ya que al provenir de cultivos naturales se pueden generar cuando plazca y además producen menos carbono neto que los productos petrolíferos.
Pero ¿es esto así en realidad? Hay hechos, datos y estudios, que nos hacen pensar que quizá nos estén vendiendo humo; y lo que es peor, hay seres humanos que ya lo están pagando.
La gente de Rebelion.org, muy concienciados siempre en este asunto, publicaba hace un par de días un artículo muy interesante en el que, a partir de una bibliografía seria y contrastada, se hace un balance de lo que en realidad representa el uso de los biocombustibles.
Refiriéndose al problema de la explotación de tierras destinadas a fines alimenticios, ponen un ejemplo –de los muchos que existen- bastante crudo: “Una hambruna asola Swazilandia, que está recibiendo ayuda alimentaria urgente. El cuarenta por ciento de sus habitantes se enfrenta a graves situaciones de escasez de alimentos. ¿Y qué es lo que el Gobierno ha decidido exportar? Biocombustible hecho a partir de un cultivo de uno de sus alimentos básicos, la mandioca. El Gobierno ha asignado varias miles de hectáreas de tierra cultivable a la producción de etanol en el condado de Lavumisa, que resulta ser el lugar más duramente castigado por la sequía.”
También hablan de la falsa creencia de que estos combustibles son más limpios que los combustibles fósiles: “quemar biocombustibles simplemente libera el carbono que acumularon cuando las plantas estaban creciendo. Incluso si tenemos en cuenta los costes energéticos de la cosecha, el refinado y el transporte del combustible, producen menos carbono neto que los productos petrolíferos. Un reciente estudio del premio Nobel Paul Crutzen muestra que las estimaciones oficiales ignoran la contribución de los fertilizantes de nitrógeno. Generan un gas de efecto invernadero, el óxido nitroso, que es 296 veces más potente que el CO2. Por sí solas, estas emisiones aseguran que el etanol del maíz causa entre 0,9 y 1,5 veces tanto calentamiento como el petróleo, mientras que el aceite de colza (el origen de más del 80% del biodiesel del mundo) genera entre 1 y 1.7 veces el impacto del diesel.”
Fuente: Rebelion.org











Viernes, 16 de noviembre de 2007 |
Sociedad