El otro día Fernando escribía sobre la existencia de muchos blogs y pocos bloggers, pero al poco tiempo, Manuel M. Almeida le contestaba desde Mangas Verdes que hay muchos bloggers pero pocos blogs. La verdad es que cada uno tiene su parte de razón, desde mi humilde punto de vista.
Existen blogs, personales en la mayor parte de los casos, que duran poco tiempo en la blogosfera (sí, aunque no sean conocidos, ni los mejores redactores, ni tengan cientos de lectores, sí, pertenecen a la blogosfera). Cada blog nace de la mano de un blogger, esa persona que se dedica a escribir sobre sus intereses y a opinar en la red porque sí tienen esa oportunidad. Pero al cabo de un tiempo los blogs van cayendo en el olvido. Van siendo apartados por sus dueños de sus vidas, por lo que ya no son bitácoras.
Los blogs son como las setas. No necesitan muchos cuidados y crecen rápido, además siempre vuelve a brotar un blog en cualquier sitio: en una libreta abandonada, en un post-it…pero estos necesitan unas condiciones. Ese espacio especial que les de vida. Pero los bloggers no se quedan atrás. Los bloggers son como los champiñones. También hay muchos, pero no destacan tanto y requieren, también, unas condiciones especiales que los hacen únicos.

Por lo tanto, podemos decir que la blogosfera es un campo de cultivo donde sobresalen las setas, pero en donde también hay, aunque no se vean, un número igual o mayor de champiñones. Es decir, hay muchos blogs y muchos bloggers, pero también hay muchos blogs sin bloggers y muchos bloggers sin blog.
Y con esto se confirma que a mi me gusta hacer comparaciones













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