Estamos en tiempos de Canon. Eso lo sabemos todos después de que el Congreso dijera que no a eliminar el canon digital, el impuesto a todos los productos tecnológicos para proteger así la propiedad intelectual del autor y tratarnos a todos los ciudadanos como presuntos culpables de hacer copias ilegales.

Leo en La Flecha que el volumen de venta de música total en el 2007 cayó un 10%. Sí, esa es la verdad. Pero ahora vamos a seguir analizando la noticia.
La venta de música digital, aunque suene raro ver juntas a “venta” y “digital”, ha aumentado en un 40% el último año. Aún así, la industria discográfica pide a los proveedores de conexiones a Internet que se hagan responsables del intercambio ilegal de archivos.
Entendemos, entonces, que las propias discográficas están marginando a las personas que compran legalmente la música por internet, pues cada vez más gente utiliza este método y, entre la propia industria y alguna que otra entidad privada, están cobrando a esas personas un canon injusto, ya que pagan dos veces por la misma cosa.
Sería bueno que esas entidades se diesen cuenta de que la gente consume cada vez más la música legal por internet y que si los precios fueran algo más bajos mucha más gente compraría por internet su música, para pasar a sus dispositivos sin canon y poder escuchar esa música donde quiera, y si quiere pasársela a un amigo, pues está en su pleno derecho.
Pero, “poderoso caballero es don Dinero”, si no hay cd’s no hay canon, si no hay canon no cobramos, si no cobramos no hay dinero y si no hay dinero no hay negocio.
David Táboas - The Writing Zone -


Compártelo:







Ayer 





30 Enero, 2008 a las 0:18
De todas formas se suelen confundir muchos términos en estos asuntos.
No es lo mismo la SGAE que las discográficas. Siempre se tacha a las discos de ser las más aprovechadas, pero mi experiencia personal y mi contacto con el mundillo me está haciendo ver cada vez más que los que tienen mucho morro son cierto grupito dentro de los artistas.
Cuando las cosas van bien no se quejan de nada y están encantados con las discográficas y las grandes cantidades de dinero que estos suelen abonar a los artistas ya consagrados. Eso sí, cuando llegan las vacas flacas: tonto el último. Y encima se hacen los pobrecitos.