
Hace diez años, en la introducción de la tesis de diploma realizada para obtener el título de licenciada en Comunicación Social escribí:
«No sé en qué año y con cuál edad, podrá leer mi hija estas líneas. Tal vez sea en el 2007 ó 2008… quizás para ese entonces hayan regresado los diarios».
Releer las amarillentas páginas me causa risa. A diferencia de la tristeza que sentía cuando las redacté.
Una década atrás, vivir en Cuba y tener como destino profesional el periodismo impreso significaba CARENCIAS. Aunque el sistema de la prensa plana en la Isla se integra por catorce periódicos provinciales, tres de alcance nacional, uno en el municipio especial Isla de la Juventud y varias revistas de arraigo como Bohemia, Mujeres y Somos Jóvenes, sus tiradas no resultaban suficientes para desbordar las ansias de incursionar en el mundo de la palabra impresa y el olor a tinta recién salida de las rotativas.
Quienes acabábamos de dejar las aulas universitarias, vivimos horas traumáticas. A pocos nos entusiasmaba la idea de reducirnos a una cabina de radio en la comunidad. Como todo recién graduado, aspirábamos a aplicar a pie juntillas todo lo aprendido en la academia, y según nos enseñaron, los mejores talleres para conocer el diarismo eran las redacciones de periódicos y revistas.
Nos costaba admitir la realidad. Las ediciones impresas tendían a desaparecer. Internet todavía no constituía una amenaza, ni se anunciaba una posible muerte para los periódicos. Sin embargo, en Cuba todas las ediciones impresas amanecieron un día con una reducción considerable del número de ejemplares. Escasez de papel. Causa derivada de la ruptura comercial con el derrumbado campo socialista.
De golpe y porrazo, los diarios asumieron una frecuencia semanal para sus tiradas. La cantidad de páginas cambió de 8 a 4. Las revistas aparecían cada dos o tres meses. Sólo el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, mantuvo su edición habitual.
El diarismo se circunscribió a la radio y la televisión, aunque con menos horas de transmisión. ¿Cuántas motivaciones tendríamos quienes nos incorporábamos a las deprimidas redacciones? ¿Cómo ocupar un espacio junto a las reconocidas firmas de periodistas establecidas durante años?
Por ser víctima de tanta incertidumbre fue que osé diagnosticar el futuro. Nuestro presente. Y sonrío frente a mis propios vaticinios. ¿Qué intenté decir con aquello de «…en el 2007 ó 2008… quizás para ese entonces hayan regresado los diarios.»?, inquiere hoy mi hija.
Con sus 12 años, considera como lo más natural del mundo que los periódicos de papel lleguen sólo el viernes, o el sábado, a los estanquillos. Ser diario significa para ella presencia permanente en Internet. Sinónimo de publicar en la gran red lo que acontece a nuestro alrededor a cualquier hora. Muchas veces minuto a minuto y desde el propio lugar de los hechos.
Aparecieron así las versiones digitales de las ediciones diarias. En este empeño, la prensa cubana ha tenido la suerte de contar con el Centro de Información para la Prensa (CIP). En este sentido, los años 1994 y 1996 marcaron momentos importantes para Cuba. Durante ese tiempo se colocó la primera página mediante un servidor en Canadá. Como afirma José Antonio Martín Pulido, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en su artículo La informatización cubana no es miel sobre hojuelas.
No obstante, no es hasta 1999 que la prensa cubana empieza a lograr una presencia mayor en la red, más allá de los estrenos digitales de Radio Habana Cuba, Prensa Latina y Granma Internacional. Anteriormente, según apunta Martín Pulido:
«Cuando la visita del papa en 1998, que tuvo una cobertura de prensa internacional extraordinaria, constatamos las grandes posibilidades que ofrecen al periodismo las tecnologías de la informática y las telecomunicaciones, evidenciadas en aquella
sala de prensa que funcionó en el hotel Habana Libre. Y de nuestra parte se hicieron esfuerzos urgentes para conectarse, estar en la red con la versión cubana. Así nació, prácticamente en una semana, el sitio Cuba Ahora, y otros más».
Luego el Sierra Maestra, en Santiago de Cuba, encabezó la lista de los periódicos provinciales cubanos sumados a la World Wide Web. Fueron tiempos de diálogos complejos. Los redactores de mayor experiencia se resistían a creer en la efectividad de un mensaje que se transmitía de computadora en computadora, sin saber hasta dónde llegaría. El escepticismo invadió las redacciones. Sobre todo porque el acceso a Internet era nulo. ¿Cómo escribir para un medio desconocido?, nos cuestionábamos.
Durante diez años como redactora en Vanguardia, he vivido cada debate. Llegar al consenso no ha sido fácil. El proceso ha requerido una superación constante y apropiarse de términos poco familiares. No obstante, los periodistas cubanos se insertan cada vez más en Internet. Supimos convertir las debilidades de una prensa escrita deprimida en fortalezas y así acelerar el proceso de digitalización en nuestros medios de comunicación masiva.
Quizás por eso algunos no entienden por qué, los de esta pequeña Isla caribeña decimos que al mal tiempo se le pone buena cara.












Sábado, 3 de noviembre de 2007 |
Opinión, Periodismo