Este magnífico artículo de Bill Johnston sobre las reacciones contra los bloggers más ilustres ilustra sobre los peligros (o no) de lograr que tu blog se convierta en uno de “los 100″, en una de las estrellas de Technorati, o en definitiva en una referencia tan conocida que te obligue a participar en conferencias, conocer a los responsables de las cosas que comentas, y en general pasar a formar parte del establishment. O de la “A-list” como dirían los americanos, refiriéndose a “los de siempre”, los VIP o los que cuentan.
No se refiere al exceso de trabajo, sino a la tendencia (por lo que se percibe) a perder el hilo, o al menos el filo del análisis y la originalidad que lleva a esos autores ahí arriba. A “vender” su punto de vista, por excesiva proximidad (u otros incentivos) a lo que se comenta, sea una empresa, una entidad, un partido o una persona.
Y por supuesto, a despertar el más o menos irónico rencor de todos los que opinan que eso no es justo (son ellos quienes deberían estar ahí, probando el iPhone dos semanas antes de que salga) o, con menos sinceridad, que lo realmente bueno es ser capaz de escribir desde la originalidad y objetividad que da el aislamiento…













Martes, 10 de julio de 2007 |
Blogosfera, Opinión, Periodismo