Al mirarnos comprendí la vida: habíamos creado para nosotros el Amor, pero no uno cualquiera, sino ese que está por encima de sí mismo. Todo un mundo con su bien y su mal, con su alegría y su tristeza, con su paz y su guerra, con su esperanza y su desilusión, con su llanto y su sonrisa, con su justicia y su injusticia, con su grandeza y su miseria; absolutamente todo quedó reducido a nuestro Amor.
Lo demás nunca tuvo sentido.












Domingo, 17 de febrero de 2008 |
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