El viento soplaba fuerte y la lluvia casi no dejaba ver, pero él seguí caminando. El oleaje era de los peores en los últimos años y el paseo marítimo estaba inundado. Pero tenía que seguir, no podía parar.
Una ola lo arrastró hacia mar adentro, se resistía pero no era capaz de conseguir nada. Se agarró a una tabla que flotaba cerca de él. Pensó entonces en toda su vida, en lo que no hizo, en lo que quería hacer, en el daño que hizo sin querer, en todos los errores y en todos los aciertos que tuvo en su vida…y juró que si sobrevivía su vida sería otra, otra vida mejor, en la que una sonrisa valiese fortunas inalcanzables.
Ya era de noche, todo estaba oscuro, sus fuerzas se agotaban…ya no podía más. Las fuerzas que le quedaban eran mínimas y la tabla se le escapaba cada vez más. Su cuerpo no resistía más y comenzó a ahogarse.
Cuando su cabeza estaba ya bajo el agua, alguien lo reflotó y lo subió a una embarcación. No era Dios, pero para él era como si lo fuese. Lo acababa de salvar de una muerte segura.
Su “Dios” llevaba un chaleco salvavidas con un escudo que ponía “Protección Civil”…


























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