Era un domingo cualquiera. Esta sentado en un banco cualquiera, como cualquier domingo.
De pronto la vio. Aquellos años fueron inmejorables y le seguía guardando el mismo cariño que le tenía desde aquel último abrazo.
No pudo contener las ganas de ir hacia ella, y se encaminó firme y sin pensarlo, pero tras un momento se congeló, quedó parado en medio del trayecto que les separaban sin moverse. Tenía miedo a que ella no le siguiera guardando el mismo cariño.
Decidió darse la vuelta y vivir de los recuerdos, no quería estropear sus pensamiento.
Caminaba en sentido contrario cuando una voz lo llamó a lo lejos. Se giró sin pensarlo. El abrazo a seguir fue eterno. Por sus cabezas pasaban todos los momentos que había vivido juntos: todas las risas, todos los enfados…todo.
Él empezó a hablar, le preguntó por su vida, por su trabajo, por todo lo que le había pasado en este tiempo. Decidieron ir a una cafetería para hablar largo y tendido. Las horas pasaron volando…hasta que llegó de nuevo el último abrazo.
Éste fue mejor que el anterior, pero sabían que no sería el último…y que de los recuerdos no se puede vivir.











Domingo, 24 de febrero de 2008 |
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