«En periodismo, la única regla fija es que no hay regla fija», decía en sus magistrales clases el profesor Rafael Lechuga Otero. Con sus ochenta y tantos años a cuestas, todavía desanda por las aulas de la Universidad de Oriente, en la hospitalaria Santiago de Cuba.
Como buen conocedor del reportaje radiofónico, Lechuga le ha inculcado a varias generaciones de periodistas cubanos —y con certeza aún lo hace—, que la misma dinámica de la vida le enseña al reportero cómo redactar el lead, qué preguntas responder en ese primer párrafo, y cuáles otras dejar para el cuerpo de la noticia.
«Pero no se vayan con la de trapo», aclaraba. Con reconocida sapiencia advertía que un buen periodista es quien sabe llegar a la fuente de información, y aunque le cierren las puertas logra extraer de ellas la noticia porque: «si no pueden entrar por un lado, inténtenlo por la ventana», sugería.
O sea, cabildear que en el sentido más exacto del término significa gestionar con maña para ganarse la voluntad de alguien, será la mayor competencia del periodista.
Traigo a colación tales enseñanzas porque sin lugar a dudas poseen total vigencia. Mientras para algunos el periodismo contemporáneo provoca cuestionamientos de los conceptos establecidos por los textos clásicos, incluso proponen una revisión y adecuación a las exigencias de la modernidad, otros sostienen como criterio que en verdad se trata de una revitalización de la pirámide invertida y la redacción del lead al estilo más tradicional.
No es que ambas posiciones se contradigan. Ciertamente encuentran sustento en argumentos reales. Preferiría mejor acuñar, a la luz de estos tiempos, la frase aprendida de mi estimado profesor. Romper con las normas tradicionales del periodismo lleva años. Pero la propia dinámica de la vida nos conduce a adecuar nuestro lenguaje a las nuevas tecnologías.
Por tal razón, no debemos perder de vista que para los redactores de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión o agencias de noticias existen dos lenguajes de imprescindible dominio para ejercer la profesión: el informático y el periodístico.
La interrelación que entre ellos se establece nos obliga a ser mucho más flexibles ante las «reglas» establecidas en la redacción periodísticas.
Si antes no nos preocupaban las características excatas de una máquina de escribir, hoy es diferente. El lenguaje informático trajo consigo una avalancha de siglas que bien merecen conocer y traducir, pues todas nacen del inglés.
La lista comienza con PC (personal computer-computadora personal). Continúa con otros términos asociados a las nuevas tecnologías. Conforman una amalgama de extrañas siglas que establecen la necesaria comunicación entre las computadoras conectadas a Internet a través de un IP (Internet Protocol- protocolo de Internet), o sea la numeración asignada a cada computadora para conectarse a la red.
Ahora bien, los periodistas pueden pensar que no necesitan sabérselas todas. Porque, en verdad, resultan de engorrosa pronunciación y de utilidad muy difícil de asimilar por un redactor de prensa como es el caso de: ASP, PHP y JAVA. Las más familiares, pero que pocos conocen su verdadera función.
Precisamente trataré de ofrecerles argumentos para revertir ese criterio.
Como bien se sabe, a diferencia de la redacción tradicional, la escritura para Internet, impone a los periodistas poseer, al menos, un conocimiento mínimo de estos recursos informáticos y su eficiente aplicación.
Recordemos que con la máquina de escribir todo estaba establecido, estático. Durante años y años, sus rígidas teclas nos dieron la única opción de combinar letras sobre el papel.

La computadora, en cambio, ofrece disímiles opciones, tantas que varían en menos de un año —ya tenemos el Microsotf Word 2007, por ejemplo— y todavía muchos de nosotros desconocemos cuántas comodidades hemos ganado con una PC. Muchas de ella conectada a Internet y ni siquiera así se aprovechan en toda su capacidad.
El abuso del corte y pega, es solo un ejemplo de cuánta ignorancia padecemos sobre las disímiles maneras de optimizar nuestro trabajo con las nuevas tecnologías. Pocos saben que es mucho más rápido y fácil insertar un documento en otro, marcar y resaltar palabras reiteradas para auto corregirlos. O guardar los documentos en diferentes formatos según los requerimientos de las rutinas productivas.
El dominio de tales herramientas contribuye en gran a medida a mejorar los mensajes en la red porque, evidentemente, el contenido publicado en Internet se hace mucho más atractivo e interesante cuando se combinan con viñetas y gráficos pero por no saber insertarlos, nos acomodamos a la reproducción exacta de los textos impresos o de los mensajes radiales y televisivos. Y así, aunque parezca chiste, solo convertimos las computadoras en máquinas de escribir electrónicas.
En este sentido deseo socializar ante ustedes la idea expuesta por el profesor español Rabel Royo, citado por Javier Díaz Noci en un estudio sobre los cambios del lenguaje periodístico en Internet.
Dice Royo que el ciberespacio es «un estado de percepción determinado, donde el lector, o usuario, desarrolla un nuevo modelo de interacción con la información y donde se enfrenta a códigos y lenguajes nuevos», los cuales —agrego— sólo se pueden elaborar con los recursos informáticos antes expuestos.
Reitero, si los periodistas desconocemos su funcionalidad, muy pocos códigos y lenguajes nuevos podremos elaborar en nuestros mensajes. De hecho, su desconocimiento constituye la causa de que hoy los contenidos periodísticos publicados en Internet adolezcan de ser copia fiel de los que se publican en los medios tradicionales, amen de las posibilidades de conexión y capacidad del ancho de banda.
Independientemente de las condiciones materiales, la exigencia de hoy es escribir con mentalidad de red, de interacción con el mundo y no limitados al lugar donde vivimos.
Bien, para definir las diferencias narrativas que se presentan en el ciberespacio debemos partir de cuatro elementos esenciales:
- HIPERTEXTUALIDAD: interrelación ilimitada entre los textos
- MULTIMEDIALIDAD: combinación de imágenes (estáticas o en movimiento), textos y audio.
- INTERACTIVIDAD: interrelación entre el emisor y el receptor de los mensajes.
- TEMPORALIDAD: sincronía y asincronía; renovación continua de la información, período de tiempo oportuno para la permanencia del contenido en la red. Otorga valor agregado al texto al indicar fecha y hora de publicación.
¿Cómo se valoriza el texto en Internet, según estos elementos?
Para comprenderlo debemos remitirnos a los cuatro postulados básicos de
la Retórica: inventio, dispositio, elocutio, actio y memoria.
El análisis no es muy complicado. En un texto impreso, tradicional, tenemos que:
- Inventio: Plano semántico.
- Dispositio: Plano sintáctico.
- Elocutio: Plano verbal.
- Actio: ordenación de movimientos, gestos, voz (presente en la oratoria, resulta casi imposible lograrlo mediante la escritura, solo puede ocurrir si el autor se encuentra frente al lector)
- Memoria: cómo el emisor prepara el mensaje.
¿Qué ocurre con los medios digitales?
- Inventio: El plano semántico supone poder escoger, por parte del autor y del lector, quien puede optar por varios itinerarios (multimedia)
- Dispositio: El plano sintáctico supone, por parte del autor, combinar, ordenar el material en secuencias posibles, bloques (nodos o lexias), articulados mediante enlaces (hipertextualidad)
- Elocutio: El plano verbal constituye la expresión del discurso de forma multilineal, la propuesta del autor no es única, y sólo se materializa cuando el lector define su itinerario, o sea otro modo de elocutio. Esta característica, al menos que yo conozca, en medios impresos solo se logra con la novela Rayuela, de Julio Cortázar.
- Actio: aquí SÍ tiene lugar. Es la necesaria interactividad, la gran novedad de los textos digitales… valdría profundizar más en ella.
- Memoria: se ve beneficiada por la posibilidad de recurrir a la memoria externa e interconectada, potencialmente ilimitada de Internet.
Los contenidos periodísticos en Internet, además, deben funcionar de manera que logren intencionalidad, elemento que si bien está presente en el periodismo tradicional, con Internet adquiere mayor prominencia en tanto el acceso a la información depende del grado de interés que se despierte en el internauta.
Si la nota no le atrae, con seguridad no la va a leer, por eso algo esencial es el complejo titular. Podemos decir que en los títulos se mantiene, indistintamente, el epígrafe, título y sumario, pero como novedad aparecen los titulares largos, la mayoría de las veces lo más funcional es ponerlo a modo de sumario y ya está generalizado que al mismo tiempo enlacen el resto de la información. También utilizan oraciones más breves como bajantes.
Valdría la pena iniciar análisis que abarquen todos los matices a tener en cuenta en la elaboración y lectura de los contenidos publicados en Internet. Acercarnos a ellos desde una posición crítica, valorativa y de cambio contribuiría a perfeccionar, e incluso repensar, los conceptos de géneros periodísticos. Sin que ello signifique romper reglas que, como bien afirma el profesor Rafael Lechuga Otero, nunca han sido tan fijas.














Jueves, 13 de diciembre de 2007 |
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