Se podría decir que ya estamos casi en Navidad: las cenas de empresa, las luces en las calles, las compras compulsivas para que no falte de nada… y en unos días el sorteo de lotería más famoso de nuestro país; hablo, como no, del sorteo de Navidad del 22 de diciembre.
Prácticamente todo el mundo lleva algún boleto o participación por temas de compromiso. «no vaya a ser que le toque a todo el mundo menos a mí.» nos decimos; y el que menos, algo juega. Luego hay gente que compra algo más, y lo hace en sitios que frecuenta, en administraciones de lotería de ciudades que visita, etc; esto es, sin duda alguna, lo más normal. Pero también hay verdaderos maestros del juego, gente que se gasta auténticas barbaridades de dinero, y que compra boletos de manera compulsiva; por ejemplo, se obsesionan con poseer todas las terminaciones posibles o con llevar participaciones de todas las provincias. Es un tipo de gente que parece buscar de manera desesperada un premio.
Es obvio que todos soñamos, aunque sólo sea un poquito, con el gordo, o con una respetable suma de dinero que nos acerque a una mejor vida y nos ayude a conseguir la felicidad -como dice el refrán-. Quizá peque de ingenuo, pero no puedo dejar de preguntarme en si realmente la felicidad, la placidez o la satisfacción están en el dinero; ¿Puede una suma importante de dinero acercarnos a aquello que siempre hemos soñado? Pues depende, si nuestro sueño es un voluminoso coche, o un loft en Manhattan, está claro que sí dependemos del dinero. Pero si se trata de esas pequeñas cosas humanas que son las que realmente importan, que a nadie le quepa duda de que con o sin dinero, las logramos si realmente las deseamos y peleamos por ellas.
Suerte para todos en el sorteo de la felicidad.







































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