Sueños encarrilados

Domingo, 23 de diciembre de 2007 |

Actualidad

tunelCorría hacia la salida. En el fondo lo esperaba una luz cegadora en la que había puesto todas sus esperanzas para seguir vivo.

El contraste con la oscuridad de lo que iba dejando atrás era enorme, si echaba la vista hacia atrás solo podía vislumbrar las luces de los pequeños focos que llevaban sus perseguidores.

Cada vez faltaba menos para llegar al final, pero al mismo ritmo, sus piernas corrían cada vez más lentamente. La falta de fuerzas unido al desfallecimiento moral jugaban en su contra.

Sus perseguidores alcanzaban sus pasos con mayor facilidad con la que él podía escapar de ellos.

Aquellas pequeñas luces de los focos eran cada vez más fuertes y el sonido de las pisadas le hacían pensar que en cualquier momento lo alcanzarían.

Pero nuevamente se llenó de esperanzas: era capaz de ver lo que había fuera de aquel túnel en dirección hacia la nada. Una gran extensión azul se juntaba con el cielo en un difuminado horizonte. No se veía tierra por ningún lado, pero prefería el agua a dejarse atrapar.

Al llegar al borde del túnel se dio cuenta de que aquello era un acantilado, el corte del terreno era en picado.

Sin pensarlo dos veces se tiró al mar de un salto. La distancia que separaba la salida del túnel con la superficie del mar era estupefaciente. Nunca había estado a tanta altura. Cerró los ojos y solo esperaba a caer en el agua.

Tras unos segundos de caída decidió abrir de nuevo los ojos. Vio que iba a caer encima de unas rocas, pero ya era tarde, no podía hacer nada para remediarlo, tan solo esperó…

Se despertó empapado, el sudor y él eran uno.

Una simple pesadilla había provocado eso. Fue al baño a secarse, cambió las sábanas de la cama y volvió a acostarse. El reloj marcaba las 6:00 y tenía que despertarse a las 7:30 para ir a trabajar.

Unos pitidos lo volvieron a despertar. Fue abriendo los ojos lentamente y con algo de dificultad. Se percató de que algunas personas estaban viendo para él. Ya llegara a la parada en la que tenía que bajar. Levantó la cabeza y, aún con los ojos medio cerrados, se desperezó.

Se había quedado dormido de camino al trabajo.

Ahora solo esperaba que esto tampoco fuera un sueño.

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